Navidades Resilientes o Injusticias de Estado

La época decembrina es un tiempo de fiestas, celebraciones y agasajos por excelencia; desde tiempos ancestrales el mes de diciembre nos llega cargado de alegría, regalos, estrenos, arreglos del hogar y consumo de muchos alimentos y bebidas propias de la temporada. Diciembre es sinónimo de navidad que va acompasada con felicidad espiritual paralela con felicidad de abundancia material, por lo menos era así hasta hace unos cuantos años, antes que la pobreza en su máxima expresión comenzará a pulular por las calles de Venezuela. De a poco fuimos perdiendo la opulencia de aquellos días, que luego se convirtió en picada drástica del poder adquisitivo y ya no hubo contención del debacle salarial allanado por el incumplimiento del contrato colectivo de los trabajadores del sector público. Obviamente, ya en esta parte se había perdido la bonanza del bono de aguinaldo, figura contemplada dentro de la contratación, que nada tienen que ver con los llamados bonos de la patria.

Los aguinaldos, también conocido como utilidades y bonificación de fin de año, se establecen en la Ley Orgánica del Trabajo de los Trabajadores y Trabajadoras (LOTTT) en su artículo 131 donde se expresa que: «las entidades de trabajo deberán distribuir entre todos sus trabajadores y trabajadoras, por lo menos, el quince por ciento de los beneficios líquidos que hubieren obtenido al fin de su ejercicio anual… Esta obligación tendrá, respecto de cada trabajador o trabajadora como límite mínimo, el equivalente al salario de treinta días y como límite máximo el equivalente al salario de cuatro meses”. Lo establecido en este artículo pasó a ser negativo para el común de los trabajadores del país por lo depauperado de los sueldos y la inexistencia de poder adquisitivo.

El sector del gremio docente ha sido uno de los más duramente golpeados en cuanto a los bajísimos salarios que reciben; adicionalmente, afectados por la negación de la aprobación de la contratación colectiva por parte de los entes gubernamentales, así como ausencia de beneficios sociales, como seguro de hospitalización, cirugía y maternidad entre otros. A todo esto se agrega el pago fraccionado de aguinaldos y bono de utilidades o en cuentas gotas que hace que se diluya con mayor facilidad un beneficio que en otrora Venezuela alcanzaba para estrenos de ropas, arreglos del hogar y mucho más.

Es evidente que este panorama no puede ofrecer unas felices navidades a un gremio tan vilipendiado, es lo que por lógica pudiera creerse; no obstante, se observa una paradoja en el actuar de los maestros, que han hecho de esta situación una resiliencia a la adversidad que conlleva a una adaptación positiva que le ha permitido a la mayoría no abandonar las aulas en su totalidad y de este modo no dejar a su suerte a los niños, niñas y adolescentes que requieren formación de la educación pública, porque sus padres y representantes no poseen recursos para costear una educación privada.

Acciones como esta son nobles y enaltecen la labor insigne del docente pero al mismo tiempo se corre el riego de entorpecer el trabajo de acción gremial sindical por el logro de un salario digno, que es un derecho humano contemplado en el artículo 91 de la Constitución Bolivariana de Venezuela (CRBV). Al mismo tiempo que pareciera que pierde vigencia el artículo 25 de la CRBV cuando establece: “todo acto dictado en ejercicio del Poder Público que viole o menoscabe los derechos garantizados por esta Constitución y la ley es nulo”, en concordancia con el artículo 164 de la LOTTT que prohíbe el hostigamiento, conductas abusivas contra la dignidad e integridad bio-psico-social de los trabajadores.

Es importante comprender que el tipo de gobierno que pervive en el país se ha hecho experto en manipulación de masa así como también en la hegemonía de la resiliencia para doblegar la oposición natural al sufrimiento, y de esta manera se legítima la injusticia que va desde la explotación laboral hasta la erosión del estado del derecho. Sin embargo, esta atmósfera no todos la perciben fácilmente cayendo en el juego psicológico para legalmente incurrir en hechos que son imputable solo al Estado.

Por Yarilina Rodríguez

 

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