¿Dónde está Lourdes Villarreal?

Han pasado 72 horas desde que la profesora Lourdes Villarreal fue detenida en circunstancias confusas. Desde entonces, su familia no ha recibido información oficial sobre su paradero, su estado de salud ni los cargos que se le imputan. En Venezuela, esta situación ya no sorprende. Pero duele. Y alarma.

Lourdes no es solo docente de Castellano y Teatro en la Escuela Técnica Lino Gallardo. Es también una defensora incansable del derecho a la educación y de la dignidad del magisterio. Como muchos maestros venezolanos, ha tenido que alternar su vocación con oficios como la peluquería para sobrevivir. Su entrega y su lucha por condiciones dignas parecen hoy castigadas con el silencio y la reclusión.

A su caso se suma ahora la detención del profesor Carlos Gómez, presidente del Sindicato Unitario del Magisterio Venezolano (SUMA – Mérida). Dos referentes gremiales silenciados en menos de tres días. Dos detenciones, sin notificación clara, sin acceso a abogados, sin respeto al debido proceso. En cualquier país democrático, esto tiene un nombre: persecución.

El gremio docente está consternado. Estas acciones representan un punto de quiebre en el hostigamiento sistemático hacia quienes aún sostienen la educación venezolana. La criminalización de los educadores se ha convertido en práctica habitual, mientras sus derechos laborales y humanos siguen siendo vulnerados.

Lourdes ha sido más que una maestra: ha sido una voz solidaria para muchos. Alzó la suya por docentes sin salario, acompañó las luchas por jubilaciones dignas, denunció injusticias con la serenidad de quien cree en la palabra como herramienta de transformación.

Hoy, esa voz está en silencio. Y su familia —como la del profesor Gómez— vive una angustia que no debería existir en una sociedad civilizada: no saber dónde está su ser querido.

Desde distintos sectores —sindicatos, organizaciones de derechos humanos, movimientos sociales, comunidades educativas— se alzan voces de solidaridad. Porque cada detención injusta lanza un mensaje amenazante: “Si alzamos la voz, podemos ser los próximos.”

Recordamos que la lista de educadores detenidos en los últimos años —Robert Franco, Javier Tarazona, Dignora Hernández, María Isabella García, Carmen Salazar, Luis López y ahora Lourdes Villarreal— ya supera cualquier precedente en nuestra historia reciente. Un país que antes consideraba a sus maestros como pilares morales y democráticos hoy los encarcela.

El país no puede acostumbrarse al miedo. No puede normalizar que un maestro desaparezca sin explicación.

A 72 horas del silencio, exigimos respuestas. Exigimos justicia. Exigimos libertad para Lourdes Villarreal y Carlos Gómez. Porque sin educadores libres, no hay futuro posible.

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