Hablar hoy de “aumento” en la administración pública venezolana resulta, para muchos trabajadores, una palabra vacía. Desde FORDISI (Formación Venezolana para la Dirigencia Sindical) sentimos la responsabilidad de decirlo con claridad: el reciente incremento del llamado Bono de Guerra Económica no mejora la vida del trabajador, apenas maquilla una realidad cada vez más difícil de sostener.
Quien vive de su trabajo lo sabe. Ese bono, que se presenta como alivio, según lo establecido en el artículo 104 LOTT, forma parte del salario. Aunque el patrono estado no lo asume ni cuenta para las prestaciones, ni para las vacaciones, ni tampoco mejora los aguinaldos. Es decir se viola la ley ya que según la LOTT forma parte del salario integral, aunque, debido a la galopante inflación así como llega se va, sin dejar base para construir futuro. Mientras tanto, el salario sigue congelado, detenido en el tiempo desde hace más de cuatro años, como si la vida también se hubiera detenido… pero no es así.
La realidad es otra. Todo sube. El pasaje, por ejemplo, se ha convertido en una carga diaria. Hay docentes y trabajadores que hacen cuentas antes de salir de casa: cuánto gastar para llegar, cuánto para regresar, y si vale la pena el esfuerzo frente a lo que reciben. Ir a trabajar no debería ser un lujo ni un sacrificio económico.
A eso se suma lo cotidiano: los alimentos, los medicamentos, los servicios. Cada aumento en los precios reduce un poco más la capacidad de resistir. El ingreso se pulveriza antes de terminar la semana. Y en medio de todo, el trabajador sigue cumpliendo, sigue sosteniendo instituciones, sigue apostando por un país que parece no corresponderle.
En el caso de los docentes, el impacto duele aún más. Enseñar en estas condiciones no es solo un reto profesional, es un acto de resistencia. Muchos han tenido que buscar otras alternativas, otros ingresos, incluso abandonar las aulas. Y cuando un docente se va, no solo pierde él: pierde la educación, pierde el país.
Esto no es solo un problema económico, es un tema de dignidad. La Constitución habla de un salario suficiente, capaz de cubrir las necesidades básicas. Pero en la práctica, lo que existe es una sustitución silenciosa del salario por bonos, que no garantizan estabilidad ni derechos.
Desde FORDISI creemos que es momento de volver a lo esencial: el salario debe ser el centro. No como una promesa, sino como una realidad concreta, ajustada a lo que cuesta vivir. No se trata de cifras en anuncios, sino de condiciones reales para quienes sostienen el funcionamiento del Estado.
También es momento de encontrarnos como trabajadores, de organizarnos, de hablar con una sola voz. Porque lo que está en juego no es solo el ingreso, es el valor del trabajo mismo.
El trabajador público no necesita paliativos. Necesita reconocimiento respeto y eso comienza con un salario digno .

