Dignidad en el Olvido: La Inalcanzable Justicia para Nuestros Jubilados

El pasado 29 de mayo conmemoramos el Día del Adulto Mayor; sin embargo, Venezuela no tuvo motivos para celebrar. Por el contrario, los abuelos tomaron las calles de diversos estados del país en protestas pacíficas para alzar su voz con firmeza. Una vez más, el desprecio y la indolencia de un Estado patrono desestiman a la vejez venezolana y vulneran sistemáticamente sus derechos fundamentales. La generación que hoy se encuentra en la edad dorada dejó un legado imborrable de luchas y victorias; lamentablemente, la historia contemporánea no devuelve ese esfuerzo con el respeto ni el bienestar que les adeuda con creces.

En la actualidad, los jubilados del sector educación concentran su vanguardia de lucha en dos exigencias urgentes: la restitución inmediata del beneficio del bono de alimentación (Cesta Ticket) y la justa inclusión en el pago del Bono de Profesionalización, del cual las autoridades los han excluido arbitrariamente. Resulta incomprensible que el Estado invisibilice en la asignación de este incentivo —destinado, precisamente, a compensar el mérito laboral— a profesionales que dedicaron la vida entera a las aulas de clase y alcanzaron los más altos niveles de preparación académica.

La victoria de los docentes estadales marca el camino de la exigencia laboral

 

Respecto a estas bonificaciones, resulta lamentable constatar cómo lo que el gobierno promocionó supuestamente como una «solución» a la asfixia económica de los empleados públicos, terminó transformándose en una política de Estado excluyente y discriminatoria. Si bien corresponde reconocer que la presión gremial logró una victoria importante al unificar este pago para los docentes estadales y municipales, nadie puede aceptar el conformismo con migajas.

Los trabajadores y jubilados mantienen intacta la base del conflicto: exigen un salario digno, firmemente anclado a lo establecido en el Artículo 91 de la Constitución Nacional. La bonificación de los ingresos solo precariza las prestaciones y las pensiones, con lo cual el sistema condena al adulto mayor a la miseria.

La lucha no ha terminado; el magisterio y los jubilados siguen en pie de lucha reclamando sus derechos. Tienen la absoluta certeza de que solo alcanzarán la dignificación laboral mediante un cambio político estructural que ponga fin a más de dos décadas de desidia, abandono institucional y destrucción del salario.

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